Editorial
M U N D O
viernes 16 de mayo de 2008
¡Ya basta!
El fracaso de Calderón
José GIL OLMOS
En 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional lanzó un “¡Ya basta!” para exigir al Gobierno que atendiera las necesidades de los pueblos indígenas. Hoy, en un acto más de propaganda que de sinceridad, Felipe Calderón ha utilizado la frase de una manera desafortunada tratando de evadir la responsabilidad que tiene en la lucha contra el narcotráfico.
Al menos 270 muertos en 2008 y más de mil el año pasado es el saldo que ha dejado la guerra contra el narcotráfico durante el Gobierno de Calderón, el cual ha demostrado un tremendo fracaso al utilizar al Ejército en actividades policiacas para las cuales no está facultado...
Reporte sobre política
No me gustó el debate
Ernesto Julio TEISSIER
Hubo en mi pueblo, hace años, una viejecita frágil y agostada. Se llamaba doña Gólgota, pero a su espalda le apodábamos “chinampina”, porque era pequeñita, pero tronaba fuerte.
Ella, y una nieta huérfana, igual de frágil, vivían de lo que producía un pequeño gallinero, que la anciana mantenía limpio y bien aprovisionado...
Horizonte político
Salinas y Fox
José Antonio CRESPO
Todos los gobernantes aspiran a pasar a la historia como grandes hombres, como próceres patrios o al menos como sólidos estadistas. Eso, sin importar lo que hayan hecho o dejado de hacer desde el poder. No cuentan los abusos cometidos, la corrupción en que hayan incurrido, las oportunidades desperdiciadas o las malas decisiones que hubieren tomado. Siempre encontrarán justificaciones para eso y más; hubo conjuras en su contra, fueron las potencias internacionales, la oposición irresponsable, los medios calumniosos, los colaboradores desleales. Incluso la figura emblemática del mal gobernante, Antonio López de Santa Anna, se quejaba en su vejez de la ingratitud de los mexicanos, que nunca supimos valorar sus sacrificios y patriotismo por encima de todo, al grado en que, padeciendo de una nube que le cubría el ojo, y ante el ofrecimiento de su médico para curarlo, don Antonio respondió: “No, doctor, déjeme usted ciego, que no quiero ver más a los ingratos”. Tanto Carlos Salinas de Gortari como Vicente Fox se sienten también incomprendidos por sus contemporáneos y al menos esperan que la historia les haga justicia (típico también de los malos gobernantes). Y en efecto, es posible que con el tiempo, futuros historiadores valoren con más frialdad lo que cada uno de ellos haya aportado o no al desarrollo nacional. Por lo pronto, sus contemporáneos somos irremisiblemente ingratos.
Pero Fox y Salinas no terminan por resignarse a pasar por malos gobernantes, los “villanos favoritos” de la época actual. No tengo claro hoy mismo cuál de los dos es más impopular, pero tengo la impresión de que lo es Fox, pues de él esperábamos mucho más, tanto por la legitimidad con la que llegó, las condiciones políticas y la energía social prevalecientes en 2000, como por la larga trayectoria democrática que se suponía enarbolar a través de su partido. Salinas aparece como un ser inteligente, sin duda alguna, pero de gran perversidad política. Fox figura como un personaje cuyas fuertes limitaciones intelectuales, aunadas a la ambición de su esposa y su debilidad de carácter, lo llevaron a desperdiciar una inigualable oportunidad histórica, a hacer la vista gorda ante las trapacerías de su familia política, y a traicionar el compromiso democrático con el cual y por el cual fue electo presidente. La mejor receta para cambiar esa mala imagen es escribir libros apologéticos de su propia gestión, aun cuando para ello haga falta manchar las administraciones de otros. Fox, quien se considera a sí mismo como un Nelson Mandela o un Vaclav Havel mexicano, culpa a los gobiernos priístas que le antecedieron, muchos de los cuales, sin embargo, hicieron más que el suyo propio, aun en materia democrática y de rendición de cuentas. Salinas culpó de su fracaso a un “complot” de la nomenklatura priísta, y ahora se va contra sus sucesores, principales responsables de la situación en que el país se halla, la cual no hubiera surgido de haber continuado por la ruta que él nos indicó; el equilibrado y juicioso liberalismo social...