Opinión
C A M P E C H E
domingo 20 de julio de 2008
Patrimonio cultural de Campeche
Cuidemos nuestra ciudad
Rafael MARTINEZ CASTRO
Luego de innumerables quejas ciudadanas, es muy satisfactorio para los campechanos enterarnos a través de un medio escrito de comunicación de la entidad que muy pronto el Congreso del Estado de Campeche trabajará en la integración de una normatividad que sancione severamente a los autores de acciones antisociales que, con sus pintas, perjudican, destruyen, ensucian y afectan la imagen de nuestra ciudad, provocando con ellos daños y molestias evidentes.
A los ciudadanos que disfrutamos en nuestro tiempo libre de paseos por esta bella y tranquila ciudad, nos enfada observar manchones de pintura en bardas y estructuras de arquitectura colonial, militar y religiosa en el primer cuadro de la ciudad y barrios tradicionales, considerados dentro de la zona de sitios y monumentos históricos.
Estas personas —los graffiteros— con seguridad ignoran que el patrimonio que dañan son bienes que heredamos de nuestros padres y, extensiva y figuradamente, de nuestros ancestros.
Es común observar que personal de mantenimiento del Ayuntamiento de Campeche se esmere todos los días en conservar el patrimonio cultural de los campechanos, pues significa los valores y el trabajo de las generaciones pasadas y hoy forman parte de los bienes individuales o sociales que han merecido y merecen conservarse.
En efecto, lo que unas generaciones transmiten a otras no son sólo cosas, son también ideas, conocimientos, representaciones del mundo, valores, costumbres y tradiciones, además de objetos y documentos de otras épocas.
Hoy más que nunca, ante la plena conciencia de la mayoría de los campechanos de la vastedad de nuestro patrimonio cultural, y frente al acrecentamiento del sentido de pertenencia, de compromiso hacia las generaciones futuras y del símbolo permanente que ese patrimonio es de nuestra aspiración a subsistir como una entidad unida en la diversidad, y consciente de su historia, su conservación entraña una responsable y comprometida participación colectiva y democrática que refleje puntos de vista plurales y, sobre todo, los de las comunidades a la que por tradición y proximidad pertenece en primer término el patrimonio.
En repetidas ocasiones hemos escuchado manifestaciones de orgullo de los habitantes de San Francisco de Campeche de sus calles de adoquín estilo francés, así como de las casonas coloniales pintadas en colores pastel y enmarcadas con herrería de forja y sus murallas y baluartes, hoy convertidos en museos y monumentos que hacen de nuestra ciudad el sitio preferido para las vacaciones de turistas nacionales y extranjeros.
O qué decir de nuestro centro histórico de la ciudad, reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, que es el escenario de un festival artístico que se lleva a cabo durante el mes de diciembre.
En dicho festival se presentan conciertos de música clásica y popular y, además, actividades teatrales y literarias para el disfrute de las familias campechanas y de quienes nos visitan.
Queremos una ciudad limpia y bella, y para lograrlo las autoridades invierten considerables sumas de dinero que haga honor a la “ciudad de las murallas”.
Con satisfacción nos percatamos con qué profesionalismo se cuidan las áreas verdes y les proporcionan mantenimiento a parques, avenidas, calles y monumentos que, lamentablemente, alguno de ellos —el de la Madre— hace unos días no tardó en ser graffiteado.
Si eso pasa con los lugares públicos y vigilados por las autoridades en franco reto a éstas por esos “artistas”, ¿qué nos espera a los ciudadanos? Cuántos hemos sufrido “su arte” en los frentes de nuestros hogares que procuramos tener limpios como parte de una buena imagen para los visitantes, a pesar de las fuertes erogaciones económicas que afectan nuestro presupuesto.
Cómo es posible que no valoremos el hecho de que San Francisco de Campeche sea una ciudad colonial con historia llena de leyendas, de esas que escuchamos cuando niños que nos contaban nuestros abuelos y ahora son del dominio popular. El sabor de estas leyendas tiene el hechizo de llevarnos hacia un pasado que nos trae recuerdos y costumbres y nos llena de orgullo de vivir en esta encantadora ciudad amurallada y misteriosa que es San Francisco de Campeche.
Hago votos para que cuando se legisle sobre las nuevas normas jurídicas que aplicarán contra aquellas personas que atenten contra el Patrimonio Cultural del Estado, los campechanos apoyemos con firmeza la medida, pues en caso contrario nos convertiremos en cómplices de los actos vandálicos que se generen en el futuro.
Bien, muy bien por el trabajo que realiza la LIX Legislatura del Congreso del Estado, que legisla pensando en Campeche, con sentido social y responsabilidad ciudadana...
Acompañamos en su tristeza y dolor que embarga a la familia Ortiz Pazos, por el sentido deceso de doña Concepción Pazos de Ortiz. Hacemos llegar nuestras oraciones al Creador para que les conceda una pronta resignación.
Finalmente, es muy grato saber que los Guardianes de San Juan siguen recibiendo el reconocimiento de amigos y comerciantes por el buen trabajo que realizan en bien de la comunidad. No cabe duda de quien siembra, cosecha. ¡Felicidades!
¿Cómo dijo?
Los grillos grillan, pero no brillan
Ricardo ESPINOSA
Si Cri Cri es realmente un grillo, entonces, perdóneme pero lo que hace no es cantar: es grillar. Ese es originalmente el nombre del sonido que el grillo emite, lo que pasa es que nos acostumbramos tanto a decir que los grillos cantan, que ya los académicos están empezando a decir que grillar es un verbo en desuso, y sí, es cierto, si nos referimos a los grillos, pero en la política, no ¡que va!
Ahora que, hablando de voces o sonidos de animales, digamos que el perro además de ladrar sabe hacer muchas otras cosas, me refiero a los sonidos que emite, no sea usted mal pensado, o mal pensante, que sería lo estrictamente correcto.
El perro aparte de lanzar su clásico guau guau, también aúlla (acuérdese de las noches de luna llena) y entre otras muchas cosas gruñe para asustar al abusivo que le quiere quitar la comida.
La vaca muge pero el toro no muge, sino que brama. Los pájaros cantan siempre que sean del tipo de las aves canoras, porque hay otros que no cantan armónicamente, nada más hacen un chirrido, por lo tanto, se dice que chirrian.
¿Y el búho? El búho ayea del verbo ayear, mientras que la perdiz ¿de perdiz? cuchichía, porque hace un ruidito que parece que está repitiendo “cuchichí, cuchichí”.
¿Y qué es gruir? Pues es la voz de la grulla: efectivamente la grulla grúe mientras está parada en una sola pata, como las cigüeñas.
Bueno, y a propósito ¿las cigüeñas? Pues traen a los niños en vuelo transatlántico desde París y sin escalas, según la creencia popular, pero en cuanto al ruido que emiten éste se llama crotorar. Así que quedamos en que la cigüeña, además de meter en líos al jefe que se le ocurrió meterse con la secre, crotora.
El cuervo grazna, pero a esa forma de graznar se le llama también crascitar.
Ahora que si el cuervo ya tiene el nombre de crascitar para su voz, pues yo diría que le dejara el graznido para uso exclusivo del ganso que también grazna, a su manera, pero lo hace.
El grajo es muy parecido al cuervo y hace prácticamente el mismo ruido, pero el grajo es el grajo y es preferible decir que el grajo grajea.
Dice mi primo Gerundio que hubiera sido una buena puntada cruzar una cigüeña con un loro. Así te llamaba por el celular cuando ya traía al bebé: ¡Ahí voy ya?!
PREGUNTA DEL PUBLICO: ¿Cómo debo escribir la palabra status?, pregunta Luis Carlos Guerra, así o con una e inicial.
RESPUESTA: El vocablo estatus es de origen latino y lo correcto es escribirlo con la e inicial. Obviamente quiere decir “estado” pero como estado se puede aplicar en muy diversas formas, generalmente preferimos conservar la forma latina status, que castellanizada debe ser estatus. Más que eso, lo que deberíamos hacer es sustituirla por condición, situación o estado de cosas.
1.— AHORA LE PREGUNTO: Antes, cuando iba al DF, cada vez que abordaba el metro me hacía la misma pregunta, la que ahora ya no me hago porque sé la respuesta. ¿La sabrá usted también? La pregunta es: ¿Por qué se le llama metro a un tren urbano para transporte colectivo? Las opciones que yo mismo me proponía son las siguientes, de las cuales una resultó acertada:
a) ¿Porque opera sobre una ruta que tiene una medida fija?
b) ¿Porque originalmente el espacio entre riel y riel era de un metro?
c) ¿Porque generalmente se ubica en grandes metrópolis?
d) ¿Porque el primero que hubo en París medía un metro de ancho?
2.— TAMBIEN LE PREGUNTO: ¿Cuál es la diferencia entre revelar y rebelar?
EL IDIOMA ES UN TEMA FASCINANTE. Le ofrezco los siguientes libros: “Como Dijo IV”, “El Bien Decir I”, “El Bien Decir II”, “Por si las Dudas” y el “Diccionario para el Uso Diario”, todos con un poco de humor. Solicite información a libros@comodijo.net o al (0181) 8317 8659 de Monterrey, N. L. Le diremos precios, títulos y la forma de hacer su pedido. Se los enviamos a cualquier ciudad del país.
1.— RESPUESTA: c) Metro es una forma corta de decir metropolitano, y se le llama así a este medio de transporte porque sólo las grandes metrópolis se pueden dar el lujo de tenerlo.
2.— RESPUESTA: revelar es descubrir o dar a conocer algo, y rebelar (o rebelarse) es levantarse en contra de una autoridad.
El gallego se puso muy feliz cuando le regalaron una esquíes para agua. Luego se puso triste porque no encontró un lago de bajada. ¿Cómo dijo? ¡Hasta mañana!
Consultorio Verbal
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Nosotros...
¿En quién confiamos?
José Guadalupe CELIS PEREZ
Para mí son causa de asombro los comportamientos sociales y culturales de los países, al grado que me resulta paradójico. Voy a compartir una de ellas: ¿usted se ha fijado que cuando un presidente de los Estados Unidos de Norteamérica asume el poder jura conducirse a favor de los estadunidense poniendo su mano sobre la Biblia?, o tal vez ¿en alguna película de corte “holliwoodense” ha visto que quienes declaran en un juicio juran conducirse con verdad poniendo su mano derecha sobre la Biblia, o tal vez ha leído en un billete de dólar la leyenda “in god we trust” (“en Dios confiamos”)?
¿No le llama la atención que un país con un capitalismo voraz tenga en la más alta estima los principios doctrinales que se desprenden de las sagradas escrituras, al grado que en sus actos protocolarios los juramentos sean ante la Biblia y no ante su Constitución? ¿Le desconcierta que los norteamericanos se atrevan, inclusive, a confesar su creencia en el símbolo más alto del capitalismo como es un billete de dólar?
Esto, para nuestra cultura, sencillamente no es entendible, pues al parecer el capitalismo antagoniza con los principios doctrinales que se le desprenden de la Biblia. ¿Será esto cierto? No lo sé, pero nadie puede negar que los Estados Unidos de Norteamérica es un país próspero, con muchos años de adelanto en muchos aspectos.
En la línea paralela tenemos un país como México. Un pueblo creyente, un pueblo que tiene fe inquebrantable en los principios doctrinales que se desprenden de la Biblia. Es más, me atrevo que la fe de los mexicanos supera por mucho la fe de los norteamericanos. Pero a diferencia de los “gringos”, el documento que rige la conducta “moral” de los gobernantes mexicanos, paradójicamente, no es la Biblia, sino, supuestamente, la Constitución.
Otro rasgo distintivo de los mexicanos es que en sus billetes no confiesan su creencias, sino que ahí han puesto las figuras de los héroes de la guerra de Independencia, de la Revolución Mexicana, etcétera, que en realidad son mártires y no héroes.
En efecto, en México no hay héroes, sino mártires (en otra ocasión hablaré sobre la diferencia entre un héroe y un mártir). Y esto es aún más paradójico, porque el documento sobre el cual fincan su conducta nuestros gobernantes es un documento que ni siquiera ellos respetan y constantemente es violado por los propios legisladores.
Basta ver la mordaza impuesta a la libertad de expresión al no permitir que el pueblo se pronuncie a favor o en contra de candidato alguno. O la violación que se comete al artículo 31, fracción IV, de la constitución federal con la nueva “Ley del Impuesto a los Depósitos en Efectivo”, ya que “piramidan” los impuestos y con ello se pierde el principio... iba a decir sagrado, pero no... el principio “constitucional” de proporcionalidad.
¿Cómo ve? ¿Paradójico, no? Independientemente de que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha sufrido más de un cambio a favor de los intereses particulares.
Esto a mí me sugiere tres cosas:
1).— Nuestros gobernantes no creen en lo que la mayoría de los mexicanos sí creemos.
2).— Aunque sí crean, no quieren “comprometer” su “conducta moral” con los principios que señala la Biblia.
3).— Esos señores gobiernan a un pueblo al que no pertenecen, porque no creen lo que su pueblo cree.
Considero que esto último es lo que más se acerca a mi teoría, porque sólo así me explico cómo es que pueden hacer tantas atrocidades, pues se le hace muy fácil lastimar a un pueblo al que no pertenecen.
Para mí esto es un fenómeno social, ya que cuando pueblo y Gobierno no comulgan con las mismas creencias, no se tiene un Gobierno emanado del pueblo, sino uno tirano que impone situaciones para conveniencia y para su permanencia en el poder.
Y únicamente a manera de breviario cultural, cabe señalar que en sus orígenes el acto de gobernar estaba ligado a un origen divino, es decir, se creía en una estrecha relación del hombre con la divinidad. Tenemos el caso de Israel, al que Moisés consideró el pueblo de Dios y así se lo hizo saber al faraón cuando fue a liberar a dicho pueblo de su opresión, o los mayas que ofrendaban a sus dioses en una clara muestra de relación armónica, de respecto y obediencias, o la creencia que se tenía, cientos de años atrás, respecto a que los reyes de Inglaterra pertenecían a una casta divina.
De lo que estoy hablando no es de desconocer el Gobierno que tenemos, ni de implantar una nueva forma, de lo que hablo es que si un pueblo quiere avanzar tiene que haber congruencia entre ése y sus gobernantes, ambos deben creen en lo mismo, si no la consecuencia es (y lo podemos comprobar) que en México exista una clase política viviendo en la opulencia y un pueblo oprimido y sumido en la miseria.